El amor en el contexto de relaciones a distancia

Conocer al otro, implica relacionarse con esa persona (incluso cuando el otro soy yo mismo). No sé si existan otras formas de conocimiento, pero no creo que algún libro, teoría, chisme o historia puedan decir algo suficientemente verdadero de un ser viviente único que está en transformación permanente. Creo que es bueno tener en cuenta en ese sentido, que el lenguaje es una herramienta creada por el ser humano para la supervivencia, pero no está diseñado para conocerse a uno mismo, ni para darse a conocer. De hecho, sin lenguaje no hay mentiras. Entonces, a falta de una herramienta mejor, necesitamos modificar el uso que le damos al lenguaje para que en los límites de sus posibilidades logre transmitir algo de aquello que creemos ser. Y cuando el cuerpo y su presencia nos hacen falta, digamos cuando en la pandemia y por la distancia física nuestra relación solo sucede a través de videollamadas, cartas y chats; puede ser aún más difícil lograr comunicar algo verdadero.

Por otra parte, en algunas situaciones, alejarnos físicamente del otro nos hace creer que éste quedará congelado, como se queda en el recuerdo, y permanecerá intacto, sin cambio alguno, como si la vida dejara de suceder. Y es que, al no podernos contactar corporalmente y con el otro en la distancia, emocionalmente es más difícil ser conscientes de las permanentes trasformaciones que implica la vida misma, tanto en mí mismo como en los otros. Confusiones y decepciones aparecen entonces, cuando la relación que tengo se vuelve una relación con una idea más que con una persona. Puede ser importante entonces, que en las relaciones en las que la cercanía física no es posible, hacer un esfuerzo consciente por imaginar, preguntar, investigar cómo se va dando ese cambio que por la distancia no logro percibir. Y quizá en la relación, sea útil construir un canal de comunicación que pueda contener la experiencia mutua de crecimiento personal. Encontrar la manera de ir más allá de la acumulación de narraciones, hacia la expresión de emociones, afectos, pensamientos y sueños. 

Pero también puede suceder algo más complejo: Al creer que el otro se quedó petrificado y no va a cambiar, yo también puedo buscar la inmovilidad, resistiéndome al cambio en mí mismo. La imagen más frecuente de esto nos la brinda La Odisea, al relatar que Penélope se sentó a esperar a Ulises, deshaciendo de noche lo que de día lograba tejer. ¿Hasta qué punto deshacemos nuestros avances esperando perpetuar una situación del pasado? ¿Atarnos a una cuna podría detener nuestro crecimiento? Y en ese sentido, ¿Cómo mantener una relación vital con otra persona en tiempo presente? Y Finalmente, ¿De qué manera nos unimos a otra persona? ¿Cómo mantener un canal de comunicación abierto para acompañarse y comunicarse con otro sin la presencia física? ¿Cómo alimentar ese canal de comunicación conmigo mismo?

En el artículo “Amor desde la distancia“, intento describir cómo pueden relacionarse amar y conocer. Es posible que también sea necesario pensar también cómo pueden relacionarse amor y cambio, amor y distancia. Cómo avanzar junto a otro. Y el marco de la psicoterapia es un buen escenario para hacerlo. La psicoterapia de orientación psicoanalítica, nos permite conocer nuestra capacidad de ignorancia con relación a nosotros mismos y los demás. Y en el progresivo desprendimiento de aquello que creíamos ser ¿Amaremos lo que descubrimos en nosotros mismos? Y ¿Qué va a pasar si nos damos cuenta de quiénes son nuestras parejas, nuestros padres o nuestros hijos? ¿También los amaremos?