SUPERVIVENCIA PSÍQUICA: La ansiedad y el inconsciente.

“Al cabo de unos meses de haber muerto su padre empieza a sufrir episodios significativos de ansiedad cuyo origen desconoce; con el pasar de los meses empieza a volverse agresivo e irritable, experimentando una sensación de fastidio por todo lo que le rodea, e instigando conflictos verbales con las personas cercanas. “

La ansiedad suele ser entonces uno de los mecanismos que la mente activa para defenderse y sobrevivir, cuando nos es imposible encontrar otra forma de tramitar el malestar. En cualquiera de los casos la mente hará uso de sus mecanismos de supervivencia psíquica para defenderse de aquello que es doloroso o incómodo, el asunto complejo es que a veces estos mecanismos fallan y nos dejan con las manos vacías, sin explicaciones suficientes o con un padecimiento latente.


La ansiedad suele estar presente en diversas situaciones en las que nuestra mente busca defenderse de experiencias desagradables, pero desconoce el origen del malestar o las causas que han activado las defensas. Así, la ansiedad se sigue esparciendo a medida que el malestar va avanzando, mientras el sujeto desconoce la raíz del problema.

Pensemos en algunos ejemplos: imaginemos la situación de un niño que ha sentido rabia con su padre por haberse ido del hogar, encontrará gran dificultad para reconocer estos sentimientos negativos cuando lo vea ocasionalmente, pues a pesar de guardar rencor hacia él, le tiene cariño también, y sabe que cuenta con una oportunidad única para verlo en cada una de sus visitas. Como consecuencia, presentará un conflicto emocional interno, acompañado de un cuadro de ansiedad en el momento de llegada o partida del padre, esto se podrá ver reflejado en la ansiedad al momento de jugar, tomar sus alimentos o ir a la cama.

El niño procura entonces defenderse de la ambigüedad que tiene frente a su padre y como consecuencia presenta un cuadro de ansiedad acompañado de otros síntomas; con ello, quizá puede lograr la atención de su madre de forma transitoria (un alivio parcial), pero el conflicto de fondo con su padre permanecerá inconsciente y los episodios de crisis continuarán.


Imaginemos ahora el ejemplo de un hombre adulto que mantuvo un vínculo conflictivo con su padre a lo largo de su vida y que ha sido tildado como la “oveja negra” de la familia por sus decisiones de vida. Al cabo de unos meses de haber muerto su padre empieza a sufrir episodios significativos de ansiedad cuyo origen desconoce; con el pasar de los meses empieza a volverse agresivo e irritable, experimentando una sensación de fastidio por todo lo que le rodea, e instigando conflictos verbales con las personas cercanas.

Al parecer quisiera deshacerse del malestar que le rodea, pero no entiende su origen. Meses después, estando ya deprimido, empieza además a sentir suspicacia por los ambientes que le rodean (familia, trabajo etc) pensando que quizá en cualquier momento será acusado por alguna falla o error, buscando entonces el aislamiento y la amargura. Tenemos entonces el caso de un sujeto que ataca y huye como mecanismos para lidiar con un malestar que no entiendey que habita su interior en forma de ansiedad.

Será difícil para él descubrir que la llave a este laberinto tiene que ver con los asuntos que quedaron pendientes entre él y su padre, pero que permanecen inaccesibles a su consciencia.


Lo que vemos en los ejemplos anteriores es un reflejo de cómo nuestra mente se enfrenta en ocasiones con “puntos ciegos” o espacios en donde no puede comprender o procesar experiencias emocionales difíciles. Como consecuencia, nuestro cuerpo y mente activan la respuesta generalizada de ansiedad como si existiera una “amenaza externa” frente a la que hay que prepararse, desconociendo que la verdadera amenaza se encuentra en un nivel “interno” en el que nuestra mente, nuestra personalidad o nuestra identidad se sienten amenazadas.


Si bien nuestro organismo activa la ansiedad procurando la mejor solución, encontramos un vacío explicativo en nuestra mente, algo que simplemente no caza, no cuadra, y es entonces cuando llegan los pensamientos negativos, obsesivos, angustiantes etc, que solo logran empeorar la situación. Eventualmente esto puede conducirnos a episodios repetitivos de ansiedad que nos hacen andar en círculos sin poder encontrar nunca el alivio que esperamos.


Para lograr esto, es preciso descubrir qué se halla a la base de la ansiedad, qué se ubica detrás de esta cortina de humo, en otras palabras: cuáles son los elementos no conscientes de nuestra mente que detonan esta insoportable alteración.

Para reducir las respuestas ansiosas es necesario primero comprender cuál es su origen, cuál es el contenido que está detrás de ellas, qué es lo que nuestra mente no puede elaborar conscientemente. No basta con hacer algunos ejercicios de respiración o emprender estrategias de relajación, pues a pesar de ser saludables, su influencia es solamente superficial y no permite una comprensión profunda de la raíz de lo que nos ocurre.

Para empezar este trabajo hay que favorecer los procesos de introspección profunda, como es el caso de la psicoterapia. Con ella el individuo podrá atar los cabos sueltos de su estructura mental que le impiden conocer el origen de su malestar y averiguar cómo funcionan sus mecanismos de supervivencia mental, para encontrar nuevos caminos y soluciones a la turbulencia emocional.

Es importante aclarar que cada sujeto puede sufrir de una forma específica de ansiedad, que es singular, única, e irrepetible, es por ello que el proceso terapéutico no ofrece un receta igual para todas las personas, sino un camino de exploración singular para cada una de ellas.


Cada persona tiene cuestionamientos específicos en su camino de introspección. Si tienes alguna inquietud al respecto no dudes en comunicarte con nosotros.

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